Cuantas veces he presenciado ante mis ojos el mundo de lo desconocido, un mundo sin forma y con la presencia absoluta en el eco de un lugar perdido , un pozo que alberga todo y nada a la vez en este contenido; cuantas veces he caído en la espesa forma de la inconmensurable angustia en el borde de mis sueños o tal vez no me encontraba dormido, el terror de lo que yace más allá de la realidad en los confines de un mundo abierto al silencio, y que del silencio emerge las nebulosas infames que bordan siluetas profanando la retina del ojo humano, haciéndolo entrar en demencia absoluta, a ver aquello que no está escrito.
Dioses... dioses cabalgando los límites de este mundo y el otro, ahora lo veo todo... un grito que retumba sobre todos los universos, entrelazando dimensiones dejando el cristal que lo contenía totalmente roto, alterando el firmamento, un poder infame que copula en el astral con nuestra mente en cada uno de nuestros deseos olvidados o tal vez en la profunda imaginación donde creemos que todo nada existe en nuestro entorno. Desenfrenado ritual que acontece entre los muros reventados por las voces que narran sus historias a traves de los siglos, nadie conoce ni sospecha lo que esconden los grietas del destino olvidados por la historia y sus dominios.
Vehemente actuar nublando los albores de curiosos cabildos, tierras que ningún hombre se ha atrevido a pisar, y que no se atrevería a tocar el vacío…que en sus noches pariendo aberraciones encarnan un maldecir, un infortunado hijo, un espectro embrutecido, ahora puedo verlo todo, y creo que puedo hasta sentirlo.
Allí en la cúspide de otros mundos , se quiebran las grietas y el lodo embarra los aposentos hasta hacerlos su propio nido, nido que entorpece los pasos de sus víctimas,aquellos que dejaron entrar al forastero errante que cuida de su descanso y los observa en sus cotidianos días aburridos, haciéndoles creer que están enfermos, que están decaídos, su energía es su alimento hasta que se exponen a sus incrédulos vecinos… se vuelven mudos, no existen palabras para describirlos no soportaría el oído de alguien que habite estas tierras de ensordecer sus oídos, con el hedor que se esconden en la descripción de estos cuerpos malditos, hacen presencia perturbando la obviedad, corrompiendo el alma de quienes los han visto.
Tal vez en nada de esto creemos, porque tememos a lo que desconocemos, pero solo quien sacrifica su calma para tocar el portón a sus dominios estará condenado a la verdad, este a cambió de tal hallazgo estará perdido, esa es mi gran desdicha , ahora puedo verlo todo y es un hecho que ahora todo está dentro mio.
Somos los hijos de la
noche quienes golpean el cielo con las llagas del exilio, quienes queman las
puertas de lo establecido , rompen el candado y se les ve tirándose al vacío
Quien domina la oscura penumbra que ningún ser ha visto, dominar tal poder que
el infierno perpetúe en el interior de algún palacio divino; donde el fantasma
del olvido se desvanece para invocar la inmortalidad, exquisita luz de la vela
que jamás se apaga ni apagará, por mas que torrentes cruzasen sobre su
coronilla.
Somos hijos de la noche por que deambulamos en un mundo que nos hace
incomprendidos, conocer verdades mientras el mundo sigue dormido, evadir
cualquier orden sin control, deambulando entre habitaciones por los siglos de
los siglos; para nosotros no existe el tiempo , y la naturaleza es nuestro único
dominio; naturaleza que nos repele y nos rechaza por que no pertenecemos a ningún
camino que haya existido.
Somos la repugnante mancha, sin cuerpo ni forma, esperando el descanso eterno
que como castigo en un letargo en añoranza, añoranza del descanso eterno, abandonando
un mundo al cual ya no pertenecemos.
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