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El tiempo es solo la medición de nuestros años, tal vez desmesurado en la medida del cálculo, tal vez desbordado en el espacio; una fugaz luz que transcurre cada vez más rápido es un efímero limbo convertido en ilusiones que poco a poco se va erradicando. El tiempo solo es un sujeto que se acomoda a la perspectiva de las mentes volátiles, un tren que jamás para ni perdona, y es aquí donde nuestras almas se vuelven más dóciles. Pero ¿y si nuestras almas son eternas en conjunción con el tiempo? ¿el alma existe como ente que permanece intacto profanando la ley del reloj? ¿vivimos como consciencia en el éter como sustancia fijada en un sueño?
El pasar de los días se vuelve un tedio, es como una espina que se incrusta en la piel encarnada hasta el suelo que quita irremediablemente el aliento; se torna cada vez más difícil respirar como se solía hacer antes, cada vez que se intenta el aire se torna más espeso y entre las manos un corte indolente evapora los ánimos de seguir existiendo...¿es el tiempo aquel que se lleva esas sensaciones, a una despedida, a una falta o a algunos viejos versos?
dicen que el tiempo lo cura todo, pero cuando el tiempo se convierte en tu enemigo no hay luz que te acompañe en la búsqueda de aquel entorno; entorno al que anhelas llegar con ansias, donde seas intocable a una soledad maldita no a la que llamaste amiga, que la vejez no se lleve tus esfuerzos y el cansancio no murmure a tu oído como el peor de los descensos.
A este punto te habrás dado cuenta que el tiempo no es el adversario con el que tus días intentas vencer, o tal vez pensaste en el arrepentimiento, sino el afán que te acorrala como muestra de alguna falta de afecto, que vives con muchos deseos sin disfrutar lo que tienes en el momento; aquí en este instante puedes notar que no es el tiempo el que marchita tus días sino la muerte en vida que hace tiempo vienes temiendo, es el verdugo que susurra en tu oído hasta dejarte totalmente frio y perdiendo, petrificando tus movimientos y haciéndote un ser indefenso; a este punto de tu vida te has dado cuenta que no son los días los que te aterran mientras pasan, lo único que margina tu velada erguida y tu voluntad benigna es la presencia del absoluto miedo.
Miedo que empobrece tus ganas marchitas , asfixia tu garganta y entumece tus nervios; el miedo es la perturbación de la mente, y puede que la veas con otros ojos o le pongas algún otro nombre, es la máscara que se camufla entre tus dientes y cuando intentas dar tan solo un pequeño paso esta te detiene de repente, si temes... recaes sobre ti mismo desvaneciendo sobre un letargo permanente, enviciado por la intranquilidad un peso incontrolable , una pesadilla envolvente, El miedo te muestra tus mayores debilidades hasta hacerte un ser inerte, al menos que esto creas mientras despierto te encuentres, un producto que desemboca en ansiedades muy fuertes, constante penumbra sin amaneceres logrables.
Puertas que liberan el alma hacia un universo de total calma, anhelo con sevicia y frustración que llegue ese efímero día, una tranquilidad absoluta disuelto en las estrellas sin volver a esta rutina asfixiante ; templanza es necesidad en el vacío que en el pecho se anida, engulle toda perturbación que entre callejones enredados se encriptan, encontrar la calma es liberarse al miedo , y creo que este es un estado natural que nace de la corrupción del ser humano, una semilla que existe desde el inicio de los tiempos , y solo el entender lo inexplicable nos dará la tranquilidad para atravezarlo sin perder la cordura a este veneno incandecente, aceptar lo inexorable...es el limite de haber comprendido los secretos que nos aguarda la muerte, dejarnos llevar por ella, atravesar el cambio sin que esta nos aplaque.

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