Pasado











Manantiales de la penumbra arrebatando los sollozos del niño hambriento, un niño interno eleva sus gritos desde los susurros de su infancia; callan los cielos y los mares en el elixir de la inevitable desesperanza que descaradamente asoma en el otoño de un atardecer dormido; no existen los auxilios que acobijen el nombre de un héroe caído, quien busca su victoria en el inconmensurable fluir de los sueños de miles de peregrinos... asi termina la historia de un genio que jamás nació y en su nacimiento surgió el fracaso hecho vida y en su muerte proclamó el exilio.

Busco las respuestas idóneas para darle solución a la insensatez de mi vida, que entre huellas tenues de tierras desconocidas por mis pies, dejo las marcas palpables, millares de inconclusos errores punzantes; huellas en sangre en ira, rostros abominables, aromas fugaces, encierros desesperantes, una oscura y helada briza que recorre el cuerpo de este calcino peregrino; no hay esperanza para su cruel destino, ve los albores de sus tierras cosechadas por las ilusiones de sus deseos, vive mas en sus sueños que en el basurero que mereció, su hogar infestado de sus inútiles atisbos.

La huella del odio hacia la humanidad como de si mismo, empoderado entre la escoria, ente un manglar marchito; huella de guerra que con una espada engulle a su presa que entre la ceguera de sus acciones no se da cuenta que se apuñala a si mismo, fruto de repetidas melodías del acoso a sus propias emociones, no existe mas enemigo que su colérico corazón sangrando y con el un alfiler que lo desinfla todo al compás del desenfreno de las liricas, monarcas cayendo, un imperio destruido.

Tu que con la llama del lucero buscas el conocimiento vivo , que con su manto encuentras la libertad en los ojos de la fragancia de un titán escondido, comparte tu sulfuro heraldo de los siglos, dios de los perdedores, jubilo maldito, arranca con premura este dolor que me hace sentir tan vivo, vivo en cólera, en rabia y desenfreno, arranca la tormenta de mi pecho y hazme fiel a las alas que comparten tu soledad indeleble en el partir de los años escritos y de los que fueron borrados por la insensatez del hombre y sus ignorantes designios.

Que el pasado no existe y que sus marcas no dejaron ninguna ofrenda, el pasado fue el minuto pasado por que si me sumerjo en mis memorias doy a parir mis mas grandes delirios; sometido a las mas ardientes quemaduras que desgarran el alma y que no me dejan ilustrar el presente que precederá mi muerte en su inefable destino y que con sus mil luchas no dieron enseñanza mas grande que el olvido.

Arcano de la templanza que enseñaste tus secretos en la gloria de tiempos mas fatídicos, en el caos resurgiste para calmar mi sufrimiento continuo, no abandones ni te alejes aun mientras el sufrimiento se hace mas visible, permite que el dolor aumente hasta desaparecerme pero ayúdame a sentir que lo asimilo, borra la huella de este cruel asesino, asesino de todo lo que quiso y sin mas le quitó su brillo...

Brillo opaco, matiz sucio, volcánico y natural estruendo palpita en el espíritu, corroyendo las ultimas ilusiones, negando toda pericia y valentía , atrapando la esperanza en el frescal augurio hasta colmar los valles en mares de nefastas olas y chocantes fríos, aquí nace la desesperanza del hombre quien rogando que se borren sus ultimas huellas descubre que su pasado es algo de lo que nunca escapará sin ser visto, que el escarnio de sus errores marcaran los pasos hacia las colinas de sus designios, y sus manos labraran en pálido futuro que se hace cada vez mas palpable quien reconoce el presente como su único hijo.

 


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