El
olor de ciertas cosas me causan una profunda melancolía, me generan
remembranzas hostiles y amargas, el aroma de la madera húmeda y los tapices
despegados me provocan nauseas, me conducen a putrefacciones lejanas... los
días son los lechos a la perdición , los días terminan siendo un conducto
irremediable a la perdida, de lo que es, o no es a la final; las noches ni
siquiera fueron hechas para dormir ya , tal vez ni siquiera existen y las
estrellas son un invento de otras mentes que se reflejan en mi mirar.
Tendemos nuestras
camas para destenderlas una vez más, nos bañamos todas las mañanas para
volvernos a ensuciar, ¿Saciar nuestros deseos? somos insaciables en realidad,
somos una masa creada a la imagen y semejanza de un ser sin forma que sus ambiciones
y ansias jamás vamos a tolerar, insaciable es su sed por nuestro venerar;
tolerar... no toleramos nuestra existencia, no toleramos la existencia de nadie
porque todos hacen parte de un fragmento de nuestra propia ansiedad. ¿Y si cada
persona que se atravesase en nuestro camino es una pequeña molécula, una sombra
que se encuentra entre nuestras necesidades comunes como mortales? ¿Si las
caricias de mamá y los abrazos de papá son la manifestación de nuestras
ambiguas y descontroladas desolaciones?
Nacimos solos en
este inmenso mar de arenas movedizas, que hunden nuestros pesares y nos
avientan a punta de palizas; todos están pero no se encuentran por que habitan
en nuestra consciencia, todos existen porque los hemos creado con los ojos que
nos engañan de que este cielo es azul turquesa, somos los dioses malditos que
damos formas a las tempestades de dominios perdidos y fronteras sin promesas...
somos las hojas de dientes de león que se dispersan con el aire y se pierden en
el tiempo insano de otras memorias... ¿memorias? ¿Cómo saber si lo que tenemos
es una memoria o solo una base que se nos fue asignada para cumplir con los
designios de un fin evolutivo?¿cómo pestañear y saber si lo hacemos por
voluntad o estamos enfrascados en un devenir definitivo?
Estamos solos cuestionándonos
infinidad de preguntas que solo el canto de los pájaros darían sus respuestas a
cambio de cortar sus alas para ver que se sentiría hablar como un humano por un
insignificante día, y nosotros daríamos nuestros ojos por la verdad, verdad inacabada,
corrupta por la mentira de la esclavitud eterna, entre los dominios de la negación
y la inexperiencia
¿daríamos
nuestros ojos por la libertad? ¿Qué es la libertad?
¿Daríamos la vida
por algo que no entendemos? ¿La libertad es relativa? o al final todos buscamos
lo mismo y no hay tanto espacio en la inmensidad para obtener lo mismo en un
mismo sentido.
Buscamos la
felicidad y con ella envejecemos en una libertad carcomida por las
mentiras... la libertad la asociamos con la absoluta erradicación de la
soledad; porque odiamos estar solos, porque no podemos estarlo, nos agobiamos
al pensar que contemplaríamos un paisaje sin poder compartir su esplendor con
otros. Hoy nos negamos a la idea de que no podemos estar totalmente abandonados
en el vacío, y nos convencemos de que no necesitamos más que nuestro carácter
para avanzar en estos terrenos baldíos... pero jamás lo entenderemos porque
nunca nos imaginamos elevándonos por otras tierras sin esperar a nadie jamás en
nuestros caminos.
-nadie
- nada
absolutamente nada y
que el mundo fuera la creación de un dios sin alabanza, dominado por el vacío
de la insensibilidad por que el sentir nunca existió en su corazón, ¿que
corazón de un dios se sacrificaría para asesinar su quietud infinita y
entender en el sentimiento de los humanos?
Creadores y
progenitores de una realidad inexistente, nos extasiamos en los brebajes de fantasías
baratas, las convertimos en realidades y de realidades vivimos hasta
convertirlas en añoranzas...
progenitores de
vidas engañadas, un pensamiento, un respiro , un suspiro; una copa, una caricia
un risco
la muerte es el
mismo suspiro que da la vida y la muerte, puede convertirse en la membrana
hecha realidad de nuestra existencia, aquella que nos hace conscientes de que
saltamos sobre la misma línea; allí en los confines de nuestros más profundos
deseos... donde habitan las represiones más sinceras de nuestro espíritu, las inconmensurables
ambrosías inalcanzables del alma, allí habita la muerte para vernos entender el
sentido y el porqué de esta estaca que perfora cayendo como avalancha, y hasta
ahí instaremos en vivir una vida que nosotros mismos creamos y que nunca se nos
fue dada.
Somos el demonio
que nos acobija cuando tenemos frio y llamamos a los mil infiernos para que nos
calienten del helar de nuestra cobardía, somos la guadaña que se lastima cuando
erra en un sendero que labró con su conciencia marchita pero el único que puede
darle calma en las orillas de la perseverancia.

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