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Las hojas azotan el frágil sombreado asomándose entre las siluetas de nuestros rostros; ¡si! podría asegurarlo con certeza por que se con vehemencia que todos lo hemos experimentado, haciéndonos entrar en un trance inquietante, en un limbo eterno el cual no nos permite pensar claramente, solo nos regala un pequeño vislumbre en un túnel sin salida, inquietante ardor que nos consume con cevicia. Los parpados tratan de titilar súbitamente con gran rapidez sin percatarse que han estado secos durante días y que su pronta sequía nos llevaría inevitablemente a una cruda agonía.
Preguntarnos como llegamos a este estado es una perdida de tiempo, fluyen como las corrientes en el rió embistiendo rocas y todo a su paso, sacudiendo sin ir advirtiendo; la boca deja de dar azotes sobre el paladar para consumar el silencio y corrompiendo el ruido de las inquietudes y los acertijos brotan lagrimas calladas fruto de un bello sentimiento.
Deshonra y exilio, caminos cruzados... pactos perdidos, cigüeñas malditas jamás se les ha entregado un niño como a las verdades se les he arrebatado un utópico elixir cautivo; Miseria existencial evoca al suicidio, permitimos que una avalancha de promesas vacías nos convirtieran en seres dignos, en significados entre las palabras y los alaridos; desesperación latente, cruda y amarga puesta en escena, calabozos nos encadenan aún cuando la puerta y sus esposas apretadas abren la brecha para huir del delirio.
No hay escapatoria... no hay bandido que pueda safarse de la decepción de algo que ha querido, no hay ser en la faz de la tierra que ponga las cartas sobre la mesa entregando su vida y siendo traicionado no sienta la daga tocar sus arterias, apretando el gatillo; no existe serpiente que confíe en las garras de un águila con buenas intenciones, no existe animal que confíe en el cazador sin que antes uno de ambos le de fin a su inocencia y en medio de ilusiones su vida en juego se vote al vacío se sienta aliviado con absurdas y evidentes pretensiones, donde el destino del uno o del otro ya haya dictaminado su inexorable sentencia.
Somos las presas de quien tiene la llave entre sus manos, somos victimas de la ansiedad de una salida en un hostil laberinto; callan nuestro desconsuelo cuando inhalamos el aire de nuevos horizontes sin visitarlos y con solo unos labios que nos pintan un palacio entre tierras desiertas, entre terrenos malditos.
¿acaso podemos asegurar con astucia que somos seres impecables que nunca hemos caigo en la trampa de la ceguera teniendo los ojos abiertos? ¿ acaso somos inmutables individuos que no creen y por no creer nunca han perdido?
caemos en un vacío que se aferra a nuestra cabeza como la mordida de legiones de perdiciones disolviendo nuestra credibilidad en un instante y atormentando nuestra existencia en un musitar inexplicable, disolvemos las dudas y contemplamos un manto que se postra a nuestra vista fácil de evadir aún cuando intentamos fingir; evadimos los velos y hacemos una verdad que nos duele en lo mas profundo de nuestras entrañas, nos revelan los engaños que se anidan entre setenares de criaderos de mentiras que crecen conforme nos acercamos y palpamos las nefastas frases de las apariencias, como si tocacemos un escape a todas nuestras sospechas las cuales la intuición nos advertía entre carcajadas y burlescas risas.
La decepción es el veneno que actúa con la mas frívola lentitud y genera la muerte mas agobiante de las miles e interminables de las muertes... decir esto es atreverme a tener una mentira mas cerca a consecuentes verdades, mas inexplicables mas contundentes, que seducen nuestros mas tristes recuerdos; por que la he sentido tanto como todos... atreverme a esto es afirmar que morir con los ojos abiertos y el corazón bombeando en su normalidad , es una de las peores masacres que no podemos controlar contra nosotros mismos, que va acabando con toda la ingenuidad que garantizaba las sensaciones mas tranquilas de la existencia. Y ahora... el desconsuelo arranca la pasividad y la tranquilidad de nuestros días colmados de mentirosas verdades que nos decimos a diario y se mofan del escenario amoblado, convencimientos putrefactos y angustias que ignoramos para que al final sin misericordia ni piedad esta nos atropelle en un segundo cuando no podemos sostener mas el show derrumbándose en nuestras narices y permitiéndonos contemplar con claridad el panorama...
¿Te has sentido decepcionado?

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