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II
Siento correr los ríos incesantes de fuego por todo mi cuerpo, atravesando mis nervios, generando choques desde los pies hasta mi cabeza, he sido bautizado por los furiosos mares de la transformación; disolviendo los restos de mi tortuosa peregrinación. Saturno vigila corrompiendo el firmamento, clamando incesante a mis suplicas en el campo abierto, penetra entre mis oníricos sueños y sucumbe en el vacío, entre los valles muertos desolados y delatando con su guadaña su ambición por devorar mi llanto, estoy siendo arrojado al vacío cayendo incesantemente en los huracanes de mis vicios, concibiendo las mas hostiles y aterradoras furias que estallan sin misericordia sobre mi pecho en el olvido.
Tenebra se aposenta en mi templo, quema mis entrañas sin piedad con sus espectros malditos, ardiendo en las llamas del cambio me confronta, me quiebra la mirada con el poder de un tridente afilado que me desborona; cosecha sobre mis pieles los frutos de mi nuevo destino, proyecta mi nombre entre los bosques nocturnos, en el jardín sin rocío. Se me presenta sobre el gran eclipse que deambula en los paisajes de mis visiones tortuosas, la corona del rebelde me inicia en el sublime esplendor de lo desconocido; toma mi mano y me arroja en el poso del silencio, allí fue mi primera visión de mi importante vacío, donde los gritos callan y el callar está en el precipicio; consternado por el choque se me revelan los incesantes aullidos inconcebidos, aquellos que los búhos escuchan pero pactan en el dormitar de sus palabras, en el nudo de su garganta, en el diluir de sus pensamientos.
Los recipientes de mi esencia se sostienen bajo los torrentes tifones del abismo, logro ver sus formas donde yace el fuego irreflexivo, el caos engulle mis órganos y penetra mis venas abiertas, el veneno se confabula con mis arterias para hacer un hombre nuevo para convertirme en un hijo digno.
Destierra las grandes agonías de mi espíritu despoja todo karma que impide el dominar de mis sentidos, despoja todo limite que queman mis ojos, estruja las mentiras del maya y se alimenta de los limites que aprisiona el decadente cuerpo y sus desdichados nichos.
Me detengo ante el ojo de la ira, el ojo del destructor, me acerco ante el ojo de Shiva, señor de las bestias el depurador, contemplo la grandeza de quien con toda certeza el samsara disolvió, desgarrando los velos y de las ilusiones un mundo entero disolvió; quemando mis pieles y haciéndome liviano ante cualquier hostil acertijo mis pensamientos limpió, arrebatando mis apegos y cualquier sufrimiento en desechos los convirtió; he sido testigo de las tres llamas arder en el firmamento con tan exitosa depuración, el caos , las tinieblas y la oscuridad en el vacío infinito me consumió, ahora no tengo miedos por que no tengo deseos en este mundo opresor, soy libre bajo los mandos de mi propia voluntad soy dueño de los designios siendo yo el próximo creador.
Lapis nigratis, etapa de putrefacción, venero mi inevitable confrontación en este valle seco que avecina frutos del conocimiento en cada árbol en cada rincón; soy consciente de este largo camino que de las dolorosas cadenas un ser libre en el multiverso hará mi pronta aparición, entre miles de constelaciones y grandes secretos en el sendero me construyó, por los miles de laberintos en esta bella y oscura alquimia mi ser exaltado se encontró, por espinados caminos mi cuerpo herido hizo su reconstrucción. He añorado este proceso para por fin encontrar la conexión con el oscuro origen, El Ain perpetuo, el oblivion definitivo, la inexorable revelación, que al inicio mi desprendido cuerpo hará su esplendida sincronización, allá en el mundo de la multiplicidad donde no existe la adulación.
Sufro el cambio y la impía liberación , he visto mi sombra y le he dado su pronta aceptación, en este complicado bagaje yo con el umbra camino en este siniestro túnel de desolación donde mis pies acarician las hojas secas y el devenir de la perturbación; aquí me encuentro sin un retorno sin ninguna contribución pero aspiro el olor de la fragancia del destino un aroma inexplicable que me hará llegar a mi propia salvación, aquí me encuentro empinando mis sueños hacia los aposentos del Aeon, donde las flamas queman la quietud del kenoma y le dan paso a la divina disolución

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