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Luciérnagas chillonas hacen contraste con la tenebrosa noche que arropa y reviste está tenue velada entre los velones y las sombras, hierro y marfil colgado entre los recuerdos de la infancia y los zapatos desatados raspando el asfalto. Que tan rápido ha cruzado el señor de los relojes sin avisar ni pedir permiso al entrar, que tan fuerte a agitado su guadaña y se ha llevado los cromáticos recuerdos que frotaron suavemente nuestros rostros en los tiempos mas opacos que eclipsaban nuestras noches desveladas y de eterna inquietud.
Que tan pronto ha cruzado el mundo el señor de las memorias que me ha arrebatado los paisajes rosados y amarillos encontrándose con la poderosa noche, cabalgando entre la tenebrosa luz invisible de nuestros miedos, y con sus arenas tormentosas tapando con sus voraces tempestades las murallas de azúcar que construimos al no conocer el sabor salado del mar.
Solo el aroma de las fragancias de la esbelta diosa de la eterna belleza, podía calmar el inquebrantable llanto, esa que jamás se arruga y jamás enferma, ella que bendice a sus prematuros hijos a quienes les regala la osadía de poder alcanzar lo inalcanzable,y conseguir lo desconocido... o por lo menos eso ellos creen; a quienes conmueve con su lira y los duerme en un sueño de eternas epifanías, celebres festines e inefables éxtasis que los sumergen en los mares de la indolencia, allí bajo la luz de la luna y la fogata de la lujuria, quema sus ingenuas vidas colgando sus vestiduras en el incontrolable presente, ese que nunca termina y que jamás es vencido, ese que no es visto por el dios que se come a sus hijos, allá donde ellos piensan que el dueño de las maesillas no puede jamás tocar sus parpados, pero sus ojos ya están cocidos por el irrompible hilo de la muerte, muerte que llega cuando jamás esperarían.
Ella quien besaba sus frentes revistiendolos de los eternos mantos de la traslucida juventud, ella que dialoga en los sueños de los sordos nacidos de la falsa rebeldía entre los placeres del mundo y el perfume falso y engañoso de los licores amargos del olvido.
El señor de las memorias todo lo recuerda y nunca nada lo olvida, apunta hacia los cuerpos esbeltos de los niños inquietos en su afán por crecer y corta su endeble pubertad abrazado por la sangre y los dolores inevitables de la adolescencia. Se opone a los amantes que en su inexplicable y pasional postura hacia la vida ven sus pieles estirarse y arrugarse y solo el reto que el barbado a puesto sobre aquellos seres envueltos en la locura... podría perpetuar sus caricias mas allá de la carne.
El señor de los tiempos jamás sede ante las peticiones de las apariencias y rompe los narcisistas y codiciosos tesoros de la belleza, chasquea sus imponentes dedos al compás del rotar de los planetas y evapora las nubes del firmamento, aturde a los incrédulos , revela secretos a quienes supieron aprovechar su inmenso regalo, el delicioso vivir del presente, el mismo que el arrebata cuando llega la hora, para ver los cuerpos sutiles anunciar su viaje y clamar por un instante que les devuelva el respiro.

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