Disolución



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No recuerdo bien cuando empezó el momento de mi partida, tampoco cuando partí realmente, los ecos en mi memoria hacían un incontenible esfuerzo por recordar por que hacía lo que hacía y por que ahora soy lo que trato de ser sin conseguirlo, prometí el fuego eterno sin tenerlo y me encontré apagado por las aguas infames del olvido, atrapado entre mis propios recuerdos, fui fugitivo de todo lo que jamás quise ser y terminé creando una deplorable muestra de todo lo que siempre creí ajeno a mi existencia en este jardín marchito.

He caído sobre los cimientos del engaño y la duda, me cubre la ansiedad prematura, fui consorte de las risas burlonas del pasado en mi derrota y el bufón de la fiesta entreteniendo a los muros y las rocas. Vengo siendo la persona mas cobarde al no poder enfrentar mis propios miedos, mis propios errores, mis propias aberraciones. Me convertí en un preso encadenado al letargo del tiempo inexistente y fui confinado en los yugos de la infamia y el exilio... ¿exilio? exilio de qué si jamás pertenecí a algún sitio, hoy soy el rechazo hasta de mis propios vicios y el desespero de no poder salir y enfrentar los cargos de mi propia presencia que provocan el llanto de un desconsolado ser en el vacío.

Prometí la llama que acaricia el vientre enteramente, la prometí a una sola alma que merecía ser concebida como luna en el esplendor de la cumbre de mis reproches, conseguí quemarme y perderme entre el vicio de los besos de huesos y carne seca que compartían el desencanto pálido de mis versos hirientes, le escribí a este amor antes de haberlo conocido, lo concebí antes de tenerlo cautivo, cautivo en mi mente, en mi cuerpo y en mi espíritu, le escribí entre las nubes al conocer los problemas de casa y salir corriendo para escapar de la inevitable y trágica desesperanza, desesperanza de floreros rotos y platos quebrados clavando sus astillas en el corazón de un niño atado un hogar desvanecido.

Cumplo a cabalidad con los pasos que me ha marcado el destino, cavando mi propia tumba colgando mis zapatos en las manecillas de un reloj torcido, ese que jamás mostraba la hora en mis días de niño, el mismo que nunca  mostró los números mientras los sueños se llenaban de barro y mugre, por esos rincones de la habitación de un joven que siempre sintió... nunca ser querido.

Siento que los días fueron arrebatando lo que soy, lo que fui y lo que siempre desee haber sido, que los problemas fueron inundando las esquinas de mi barrio hasta empujarme en el rincón de mi cuarto, ahí donde nunca tuve que haber salido.

Soy el poderoso creador de mundos de desencanto y ruina, donde jamás termina de llover sangre agria y donde los valles son envenenados por la inevitable agonía, soy el dios que creo seres a su imagen y semejanza los he llamado con todos los nombres de aquellos que han quebrado el cristal de este palacio escondido.

Estas palabras sentenciaron una gran parte de mi existencia, cada día fui victima de un asesino, consumiendo mi juventud y las horas valiosas que me había regalado el presente, el mismo dolor, la misma batalla de titanicos pensamientos que libraban interminables guerras justo en mi almohada quitando mi sueño y en la penumbra de la noche los ojos secos contagiaban el ambiente de un sin fin de agotamiento y existencialismo, justo en ese momento y en ese lugar, justo ahí al borde de la locura y el sentimentalismo encontré a un ser de pie  en la misma baño donde la agonía carcomía mi esperanza, lo tenía allí   hablándome de mi absurdo pensamiento desenfrenado y mi deplorable condición, tenía los ojos de las estrellas y parecía contener las constelaciones en sus ojos, irradiaba la luz mas oscura que jamás haya visto, su silueta reflejaba un eclipse entre las tinieblas de mi morada, el tenía un poder escondido.


Cuando supe que me hablaba a mi mismo supe como revertir este horror impío, que me había hecho barro sin forma entre la sustancia y dolor entre lo divino, putrefacción entre lo benigno; disolución entre lo establecido. Así había comprendido que en el recorrer de este camino, me había perdido a mi mismo. Abrace mis miedos, destruí el pasado, despejé mil caminos y un soplo de brisa pura contepló mi frente en este nuevo atardecer calcino, entendí que debía abrazar mi sombra para volver a reencontrarme con este mismo tipo, recorrer mis dolores y sufrimientos enfrentar mi propio infierno, atendí al llamado de mi transformación en el vasto universo mas allá de lo desconocido, me escuché y pude gritar tan fuerte,que en alguna parte del universo un yo perdido sobre mi ventana descendió y sobre la acera sentó su oído.

Ahí estaba yo, estaba el destierro, y la caída del alba al infierno, estaba yo el rebelde que en su maldad ansiaba los tronos mas allá de los cielos,ser un dios omnipotente sobre este sendero sin desvíos. Aquel yo que convirtió en vez del plomo en oro, hizo de un carbón un diamante, comprendí que quien descendió con la llama de los dioses para entregar el conocimiento y terminar con el sufrimiento de los mortales , arrebataba el velo y daba un final a la ignorancia a esta humanidad sin remedio ambiguo.

contemplé inimaginables universos de extrema belleza, conocí mundos de inconmensurables fortalezas, fue un angel indomable, viajero de lo inhabitable, comprendí mi papel en los solitarios silencios del retiro, en todo lugar donde era escuchado y jamás nadie me había oído.
Ahí estaba yo encontrándome con migo mismo atravesando el averno volviendo a ser yo pero convertido; ahí estaba yo viendo un ser eterno libre de todo sufrimiento, siendo yo entre los caídos, y encontrando mi paz ahí mismo sin darme cuenta estuve en el mismo sitio donde ya me había disolvido.

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