Sobre las cimas del desespero (por Leonardo Pulido)



Heme acá, sentado sobre el desespero, una brisa recorre mis cabellos, la luz de las velas cada vez mas leve y mi cuerpo quebrado no espera para romperse en llanto…
Ese llanto poco común donde no brotan nunca lágrimas, una agonía efervescente, retraída, sin sonido o queja aparente; un silencio poco sollozante, abrumador, que se esconde tras las hendiduras de los oídos casi como la intensa estática de un televisor viejo sin antena.
Heme acá en el pulpito de mis pensamientos, a media vela, a media copa, a media vida…
Búscame y nunca me encuentres, será flagelo necesario, huye de la verdad humana y que la razón sea síntoma de desvarió, y el desvarió locura falaz sera la muestra intangible pero casi que palpable lucidez.
A son de copas, el arcano locuaz número dos, marca con daga y vara los senderos ocultos, así asesino la carne y portando la llama la compasión no será opción y la severidad camino al recorrer.

II

Nuevamente son las tres, el trino del declive naamah me acompaña, en éxtasis la agonía, el malestar, y la sangre, apartan al nauseabundo y renacido voy de pie a un nuevo día.
El veneno hiela mi sangre, la obscura habitación se deshace, millones de estrellas se aposentan, es el caos de esta alma maldita que pacto con el infierno para ser libre… y libertad se volvió la mejor forma de rebeldía.
El incandescente fuego de fosforo derribo la plataforma celestial, las áridas tierras desdibujadas por el adversario.
Fuimos los cultivadores de nuestra propia gracia.

III

Soliloquios, cantos enoquianos.
Mil noches en vela
En la cima del desespero, tomado de la antorcha los rincones no parecen más claros, silencio tras los vacíos socavones, histéricos rincones de almas forajidas, dementes y mentes fragmentadas, gélidos escalofríos descendiendo sobre la dorsal…
Reniega de toda verdad, duda aparente belleza del mundo, tras los mas bellos rostros y maravillosas esculturas, se hallan los mas atroces y silenciados actos.
Enamorado estoy de la oscuridad, de las velas, de la sangre, de lo moribundo…
Estupefacto estoy en la gracia del adversario que con violencia y amargo veneno embriaga de las verdades ocultas, los misterios del hombre. 

y así solitario y erguido, disfruto de los amaneceres de lucifer la luz del alba.


IV

Temblando de miedo en mi penuria y agobio no hay mas de otra que seguir adelante.

Samael serpiente del pecado, enséñame a huir de la luz, mas no reciba mi alago, me faltan siglos de lectura para ser de su agrado.
La orquesta nocturnal, moribunda, empodera al insolente, que latente busca ayuda para quitar la venda que su vista desdibuja.
Alaridos infernales junto con sollozantes lumbreras abren paso a catacumbas secretas, donde dioses antiguos postran atrapados ansiosos por su salida al mundo desde la arcilla, en este remante, de este cuerpo de alma libertina.

V
El inmenso dolor como infección serpentina, mis pensamientos como los socavones, oscuros, venenosos.
Estoy en la cima del desespero, la clavícula abierta y desde las tinieblas la búsqueda de un virgilio
El vino de las tardes de merienda, sabor a gloria, banalidades desdibujadas en los versos cotidianos.
Amarres incendiarios de ese aroma del tabaco que en bocanadas como niebla corroe la vista, y desmenuza el cuarto, los labios secos, tal cual como las malditas flores que en el corazón de postran.
En el pulpito de mis pensamientos mas amargos, sobre el declive cruel fuerza que incendia y resplandece el alma… mi alma.

Ese cuerpo, cruel ausencia de aroma del deseo, la fidelidad más allá de la carne, cuerpo del pecado, amor desenfrenado cual aquelarre, arrancando los peldaños sobre el pecho nuestra ausencia fue respuesta asertiva… en las noches me visitas y volvemos al pecado de las diferencias.

VI
Me tope con magnificas quimeras, custodios de eternas tradiciones, el maravilloso silencio atosiga a los profanos, que sin respeto ni mesura juegan a chapotear en las palabras.
Siempre dan las tres, la sonora del declive y con el cigarrillo en la mano, las tormentas brotan desfigurando el humo, claros reflejos a luz de vela.
Me condeno a mí, a la rebeldía, como el carbón en llamas mi piel atiza, envueltas en llamas mis premisas, solo espero el terror de la cornisa, no seré sublevado por la gracia de otros, aunque enternecidas parezcan sus intenciones.
Yo me quedo a media vida, a media vela, el fulgor, en la cima y en el pulpito del desespero.


DLPS ikragg



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