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Las luces de la ciudad se tornan de un color amargo esta noche, cubren de un hostil y opaco luto el sendero a casa, replegado de incertidumbre y somnolencia, de inexistencia y vacío; tan envenenado que doblega mis suspiros y condena mis ojos a la nublada vista de los ladrillos que corrompen mi andar. Me dispongo a continuar en el vago camino a la nada sin rumbo y sin dirección, cantando las bellas melodías del antaño añejo que embriagan mi ser, entre los gritos ocultos de las hojas golpeadas por el violento aire de los vientos nocturnos, desvelándome sin tiempo ni espacio, sin respirar pero a la vez respirando, copulando con mi propia inpermanencia.
Siento sin sentir, y pienso sin pensar, confundiendo los pasillos lúgubres de mis recuerdos donde no existe salida más que la mismísima inexistencia, donde no existen rascacielos más grandes que la llamada de mi triste incoherencia, El sabor no comulga con mi paladar y mis oídos no escuchan más que los sutiles hilos de las moiras recorrer sus manos insertes antes de ser cortados, por el beso de la desvelada y fría trascendencia a la nada, veo todo lo que jamás los ojos más vivos de la ilusión en el velo podrían observar con sus sentidos en un mundo programado, veo miles de formas que solo las siluetas tenebrosas de los árboles en invierno podrían manifestarse para un hombre que no le teme a los pasos del infinito, donde no existe la fecha de mi nacimiento ni tampoco la primera vez de un beso, donde podría borrar el día que mis dedos se envejecieron o la primera desilusión que tuve, que aunque viendo la luz tramposa y mentirosa observo todos los momentos de mi perturbadora vida, contemplo la paz interna como jamás mi cama hubiese logrado regalarme en el suspiro fértil que rozaba sobre mi la luna.
Ahora veo las montañas inundadas de locura entre el más allá y el asfalto de las avenidas vacías en un eclipse cómplice de los vastos y coléricos anillos de Saturno , quien con su guadaña empalidece los prados y las hierbas de los campos, y sus caballos cabalgan entre las llamas imparables contrastadas con el denso y espeso mar de estrellas a punto de estallar en el universo, donde le arrebata como carne fresca la vida a sus hijos y regala la vida eterna a sus iniciados; puedo admirar la creación imperfecta con todas sus complejidades y puedo adentrarme en el inevitable final de la generación dormida por los placeres del mundo.
He corrido hacia el futuro sin poder tocarme en el, y he arrebatado mi pasado para deslumbrarme con el invento más antiguo de la humanidad y con todas sus deformes creaciones las cuales se les terminaron dando nombres, pude acariciar el hermoso cabello de la persona que me quitó los suspiros más importantes de mi existencia y terminé regalándole mi alma sin haberla vendido antes, sin haber pactado o por lo menos haber recibido algo a cambio, fui cómplice de la desdicha y terminé siendo ella misma al aceptar mi condena marchándome sin más remedio, cruzando las mieles de la depresión y la ansiedad, encarné los mil lamentos y los hice mi compañía.
Y antes de cruzar palabras con mis manos manchadas del vino amargo del cansancio y la fatiga, caminé por los parques que vieron mis piernas crecer y mis dientes cambiar, los centros comerciales, y los atardeceres en el mar, dejando que las olas consuman mis últimos deseos y los anide el melancólico azul negro de las profundidades, mientras mis huesos sienten el devenir de la marea y la consumación de mi espíritu , mientras los pequeños peces con sus pequeñas mordidas pellizcan mis carnes lastimadas por el agitar de la ciudad nefasta y dictadora, que gobernó mi tiempo y los que debieron ser mis mejores momentos.
Crema de mis pesares, me llevo mis mejores melodías que acompañarán esta deliciosa orquesta del culminar de esta etapa, la banda sonora de las delicias del descanso y los tamborines que resaltan mi llegada a una infinita vida a la oscuridad, donde los ojos del dragón me esperan y sus parpadeos regocijan mi alma, queriendo fluir con sus alas; así volaré entre los matices desconocidos y finalmente el libro escribirá mi historia, mi corazón pesará lo que pesa una pluma, y la canoa me llevará a la dulce pradera de la despreocupación eterna y los pensamientos efímeros como los vientos que recorrieron mis narices y que jamás volvieron, levanto mi quijada al portón de lo desconocido y que el recuerdo no es recuerdo por que jamás me ha conocido.

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